martes, 24 de marzo de 2015

El efecto del gusto culposo

Hace un tiempo platicando con algunas personas salió el tema de los gustos  (música, cine, arte, etc.)  y no tardé en explicar que no tengo un género de música favorito, en primera porque no lo tengo, pero específicamente porque soy demasiado mala para diferenciar los que existen. Sé que escucho rock, pero de ahí sale el rock clásico, rock punk, heavy rock, glam rock, hard rock, rock de fresa, rock bronceado y seguramente rock castaño, rubio o pelirrojo  (yo supongo).  Así que me limité a decir algunos de los grupos o cantantes que escucho  (no solamente de rock "lo que sea")  para que se dieran una idea no tan deforme de la música que escucho diariamente. Después de eso, llegó la sección de literatura. No tengo libro favorito, pero mencioné algunos que me han gustado.

Debo confesar que en mayor parte leo novelas, porque me entretienen demasiado. He leído buenas y malas, algunas más fluidas que otras y algunas que simplemente me aburrieron, tardé mucho en acabarlas, pero nunca dejé una sin terminar - a excepción de 50 sombras de Grey *tose*-
Algunas de las que mencioné ese día, fueron la trilogía de Delirum de Lauren Oliver, El libro Nada de Janne Teller,  la saga de las Crónicas de Narnia, la trilogía de Los Juegos del Hambre de Suzanne Collins, en general las distopías, ciencia ficción y libros de fantasía.

La sección de literatura dentro de nuestra plática se alargó de manera inesperada, por algunos pequeños detalles. Alguna de las chicas presentes llegó a mencionar a Stephenie Meyer, autora de los libros de "Twilight" o "Crepúsculo" en español y al mencionar el título no sé por qué razón esperaba que una risa se escuchara entre nosotros. No tengo nada en contra de Twilight, de hecho leí dos de los libros de la saga, (los dos primeros) y me aventé las cinco películas que salieron.
La verdadera razón por la que ya esperaba al menos una risa irónica dentro del grupo, era el efecto gusto culposo que todos tenemos o hemos tenido alguna vez.



Las consecuencias no pasaron más allá de una cara de tono: "Son mis gustos, cállate" y un pequeño debate sobre la calidad literaria de la autora.
Pero, ¿qué fue eso? El efecto gusto culposo llega cuando esa actividad o cosa que alguien hace por gusto (si no por qué más) (valga la #redundancia) pero que por alguna razón al resto de la humanidad le parece ridículo.
Eso involucra mucho de la forma de pensar de la sociedad en la que vivimos y sus clasificaciones acerca de lo que es "cool" "culto" "genial" o "bueno" y lo que es "ridículo" "tonto" "ñoño" o "malo".

Por eso a veces no queremos que algún amigo vea la lista completa de reproducción de música cuando por alguna extraña y molesta razón indaga en nuestro teléfono celular, por eso a veces omitimos títulos de películas cuando nos preguntan qué cosas disfrutamos ver más en Netflix, la televisión o cuál es la película que esperamos con ansias mientras cargamos en nuestras manos los boletos de la preventa. Por ese efecto hacemos tardes de karaoke a solas en nuestra habitación y estamos atentos a la hora de que alguien llegue a la casa (por eso del público no deseado) y por esa razón a veces llegamos a creer que somos menos inteligentes o menos geniales por el simple hecho de disfrutar algo que los demás consideran tonto.

Confieso que he padecido de ese efecto y he omitido información mía en varias pláticas de este tipo para evitarme la risilla ajena de la desaprobación. Pero ¿Por qué? ¿No tengo el mismo derecho a disfrutar de las cosas que me gusta ver o escuchar, al igual que el resto de los millones de personas en el planeta?
Por esa razón, solemos escondernos y no mostrarnos tal como somos, desde el más pequeño detalle más escondido y difícil de notar, hasta el más externo que todos observan todos los días cuando se topan con nosotros.



Me he curado del efecto gusto culposo, desde que menciono a Luna Nueva de Stephenie Meyer como un libro que me encantó demasiado, (¿Por qué? Porque sí.) conservo la libertad para escuchar lo que quiera en el momento que quiera. Y las risas sólo suenan a eso, a risas de personas, y no al significado de lo que representan las cosas que me gusta hacer. Es complicado deshacerse de un gusto culposo, y más cuando estamos conscientes de que siempre vamos a toparnos con un risueño listo para atacarnos o para hacernos sentir menos, pero, ese efecto necesita de dos personas, y una de ellas es la misma persona que tiene el gusto escondido. Si dejamos de participar en nuestro propio efecto del gusto culposo, este dejará de ser culposo, y sólo será lo que desde un principio fue, un gusto, un placer.

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