Uno de los lugares de entre mis antiguos gustos culposos (porque dejaron de serlo) lo ocupa precisamente el tan amado y criticado libro “New moon” o “Luna Nueva” de la escritora estadounidense Stephenie Meyer. Desde que supe de la existencia de los libros de la saga de Crepúsculo supe que serían una explosión descomunal de éxito, por lo interesante que resulta el planteamiento de un romance sobrenatural, después de haber estado tanto tiempo expuestas a romances más normales dónde al final de la película el chico termina corriendo un maratón de dos kilómetros para alcanzar a la chica y evitar que se vaya, al principio resulta, pero después de tiempo de llorar con lo mismo, nace la nueva moda de adaptar a la pantalla grande cuántas novelas juveniles se puedan y es ahí dónde nos presentan a una pareja muy peculiar, que la conforman una humana y un vampiro de casi cien años de edad.
Y tenía razón, las ventas de boletos superaron expectativas y la promesa de llevar la saga completa al cine ya estaba hecha. ¿Qué es lo especial que todas le vieron (o le vimos) en ese momento?
Por mi parte, cuando vi la primera película tenía 13 años, y debo confesar que me fascinó la idea.
Después de verla, decidí leer el segundo libro porque no podía esperar para saber qué era lo que seguía, cómo se iba a resolver, qué más iba a pasar.
En ese entonces y hasta ahora, he guardado a Luna Nueva con mucho cariño. Si bien, es una historia que muchos consideran “pobre” o “tonta” creo que están equivocados.
Dejando de lado las personalidades de los personajes o específicamente el trabajo de los actores, es un producto muy vendible, especialmente para las mujeres, y más si son adolescentes.
La idea de un amor racional y “perfecto” resulta buena, y es la base de muchas películas como Diario de una pasión o Posdata Te amo. Pero el efecto de Crepúsculo es algo que va más allá de lo racional y lo comprensible (pues claro, ¿quién podría comprender qué es lo que significa enamorarse de un vampiro?)
En la vida adolescente y a veces hasta un poco más adelante, tendemos a idealizar el amor de una forma mágica y trágica a la vez. Tomamos los dramas de nuestra vida y los moldeamos hasta convertirlos en una cosa que huele a arte, a tragedia y todo se torna un poco más teatral que de costumbre. ¿Quién no ha escuchado música aún más triste de lo que se siente para poder llorar más cómodamente?
Ese es el efecto que provoca esta idea, la idea del amor hasta su límite, y también del sufrimiento.
En mi caso Luna Nueva me ofreció un drama que disfruté bastante en cada página del libro. He leído comentarios acerca de la tonta Bella que quiere suicidarse porque su novio la ha abandonado y que es un ejemplo pésimo para todas las chicas que lo hemos leído.
Personalmente creo que es una exageración por partes y lo explicaré hablando del efecto que tuvo Luna Nueva en mi cabeza.
La idea central de Luna Nueva, es la oscuridad que hay en la noche durante esta fase lunar, en la que la Luna está escondida por completo de nuestra visión, análogamente, la vida de Bella sin su vampiro, es como la luna nueva, oscura y con la sensación de que algo falta. En este punto, los argumentos se dirigen a que las chicas no dependemos de nadie, y nuestra felicidad no le pertenece a nadie más que a nosotras mismas (de lo cual estoy completamente de acuerdo), pero, díganme ¿qué chica en su adolescencia no sufrió la ruptura de su corazón con intensidad? Si bien, tal vez sabíamos que no íbamos a casarnos con esa persona, pero en el mundo adolescente esas cosas ni siquiera se tienen en mente, jugamos con el infinito, decimos “para siempres” sin estar completa y totalmente seguras y seguros, idealizamos el amor de una forma tan extrema y también tan mágica, y aunque a una edad adulta parezca algo estúpido y que sólo nos trae problemas, ese es el secreto de disfrutar una etapa tan intensa y que la vuelve más interesante y nos da experiencias inolvidables.
“Yo era una luna perdida, una luna cuyo planeta había resultado destruido, que, sin embargo, había ignorado las leyes de la gravedad para seguir orbitando alrededor del espacio vacío que había quedado tras el desastre.” —Capítulo 9, mi frase favorita de todo el libro.
“Había una cosa que sabía a ciencia cierta, lo sabía en el fondo del estómago y en el tuétano de los huesos, lo sabía de la cabeza a los pies, lo sabía en la hondura de mi pecho vacío... El amor concede a los demás el poder para destruirte.” —Capítulo 9.
“No veía ninguna razón para sentir miedo. No podía imaginar que quedara nada en el mundo que pudiera darme miedo, al menos, no físicamente. Esa era una de las ventajas de haberlo perdido todo”—Capítulo 4.
“Era una forma muy dura de vivir: prohibiéndome recordar y aterrorizada por el olvido.”
—Capítulo 4.
“Esa noche el cielo estaba oscuro como boca de lobo. Es posible que fuera una noche sin luna al haber un eclipse, por ser luna nueva. Luna nueva. Temblé, aunque no tenía frío.”
—Capítulo 3.
Así que Luna nueva es más que un libro para jóvenes adolescentes, es un efecto, un concepto de algo apasionado que siempre resulta entretenido volver a visitar. Regresar a la idea del amor loco que nos hace correr y hacer cosas que a los más maduros o no enamorados les parecen tontas. Abrazar el sentimiento, en vez de sentirlos extraños por tenerlo, sentirnos poderosas y disfrutar de esa rareza, sin que importen los comentarios negativos del club de los haters que últimamente han emergido de la Tierra al mismo tiempo que surgieron las adaptaciones al cine de las novelas.
Luna Nueva no es un manual de relaciones amorosas o post-ruptura. Es un drama adolescente que se disfruta igual que probar un dulce o saborear un pastel.
Ninguna persona nos dará la garantía de estar con nosotros por el resto de la vida, y tampoco dependemos de alguien para ser felices y tener una vida emocionante. Pero si hemos tenido una experiencia de dolor, es bueno superarla, llorar lo necesario, caernos en pedazos y después recogerlos para volver a construirnos. Abrazar el sufrimiento, para no fingir que estamos bien cuando en realidad no es cierto. Y ya recostruidos, seguir disfrutando de las cosas que nos gustan.
En mi caso, Luna Nueva es algo que me gusta y me quedo con su efecto, el cual volveré a experimentar cada vez que tenga tiempo y tenga ganas.


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